Símbolos

El gancho

El gancho, emblema del milenario Tribunal de las Aguas y fiel testigo de sus deliberaciones a lo largo de los siglos. Así lo vieron Gustavo Doré, Tomás Rocafort, José Benlliure, Ferrándiz y cuantos dejaron en su obra gráfica el testimonio de esta querida Institución, orgullo de todos los valencianos, considerada un modelo de institución jurídica de mundial reconocimiento.

Este rudimentario y ancestral instrumento, siempre presente en la vida de los pueblos agrícolas del Mediterráneo, fue de gran utilidad en su diario quehacer. Pese a su apariencia ofensiva, su impropia forma de arpón que presume ataque o defensa, no podían ser más pacíficos sus fines ya que, para solucionar problemas y dirimir litigios, estaba el Tribunal que, ecuánime e inapelable, deliberaba y sentenciaba cada jueves, a las doce en punto, en la Puerta de los Apóstoles de la Catedral de Valencia, escenario público de sus actuaciones.

El gancho era, por tanto, y sigue siendo, el instrumento de trabajo cotidiano de los guardas de la acequia. Su utilidad primordial es la de levantar las compuertas de los partidores para que el agua discurra por la acequia en busca de los campos que va a regar (pese a que actualmente, en muchas acequias la forma de trabajo se ha modernizado y ya no se utiliza esta herramienta). Por otro lado, el gancho, se muestra como el instrumento más eficaz para deshacer embozaduras y liberar de obstáculos las acequias. Su punta, cual improvisado arpón, ayuda a capturar la tabla que al guarda se le escapa aguas abajo.

El alguacil, su portador en los actos oficiales y cada jueves en las deliberaciones del Tribunal de las Aguas, grave y solemne, vistiendo su blusa de huertano, inicia las sesiones llamando desde la puerta de la cancela, gancho en mano, con la conocida citación: “¡Denunciats de la séquia de Quart!”. Y así, sucesivamente.

La Fuente de la Plaza de la Virgen

El origen de esta fuente de la Plaza de la Virgen de nuestra ciudad se remonta a la década de los cuarenta del pasado siglo. En efecto, en enero de 1944, sobre unas gradas, se instaló la taza de una fuente que se dedicaría al canónigo Liñán por su destacado protagonismo en la traída de aguas potables a la ciudad.

Sin embargo, las obras quedaron paralizadas hasta que se llevó a cabo la última reforma de la plaza de la Virgen. Después, el proyecto fue sustituido por otro que situaba una gran fuente más próxima a la calle de Navellos, dejando un espacio más diáfano para las grandes celebraciones que habitualmente tienen lugar en esta plaza.

En esta fuente, se representa al río Turia personificado en un gigantón recostado, portador del cuerno de la abundancia, o de Amaltea, como símbolo de la riqueza que suponen sus aguas para la fértil vega de Valencia. A su alrededor, sobre pedestales, ocho figuras femeninas de adolescentes desnudas, portadoras de sendos cántaros de agua que vierten en la taza de la fuente, recuerdan las ocho acequias de la Vega de Valencia.

La figura del padre Turia tiene evocaciones clásicas y recuerda las figuras de la antigüedad que personifican al Nilo, al Tíber o la hermosa fuente barroca de Bernini dedicada a los Cuatro Ríos que se halla en el centro de la romana plaza Navona. Las figuras fueron obra de Manuel Silvestre Montesinos, Silvestre de Edeta. Se inauguró el año 1976.